Te veo…Aquí estoy

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Ritual de 8 segundos para conectarte con tu hijo o hija

(y calmarlo!)

Hace exactamente un año me inscribí en un curso de mindfulness porque mis hijos de 3 y 5 años estaban acabando con mi paciencia.

En esos 3 meses de curso me reconecté con la meditación, me enseñaron a vivir en el presente, me permití disfrutar de estar lejos de mis hijos y sobre todo, aprendí a cerrar los ojos y confiar en que todo, y todos, estarían bien cuando los volviera a abrir.

Al final del curso, la guía del programa nos colocó en un círculo y teníamos que ir, uno por uno de los compañeros, repitiendo el siguiente diálogo, mirándonos a los ojos:

Te veo

Te veo, aquí estoy

Aqui estoy

Simple y poderoso. La mayoría de todos los que participamos lloró, porque ver a los ojos de otra persona se ha convertido en una rareza. Todos vamos por la vida viendo para abajo, actualizando Instagram, contestando whatsapp, chismeando en facebook y solo vemos para arriba para tomarnos la selfie. Todos queremos ser vistos en social media, pero cuando eres visto de verdad por otro ser humano que te dice “te veo, aqui estoy” te mueve las fibras más profundas y básicas.

Así que decidí llevar la experiencia a mi casa y ver qué pasaba.

Esperé un momento de serenidad para compartir con Dante de 3 años, lo que había aprendido en esas horas que me iba de casa cada miércoles. Me agaché para estar a la altura de sus ojos, lo tomé suavemente de las manos y acercando mi cara muy cerquita de la suya, le expliqué.

Dante estaba feliz. Le parecía divertido tener que aprender el diálogo y le encantaba el contacto visual y físico. Además, él estaba pasando por una crisis de celos con su hermano y el ritual era solo nuestro.

Pasaron varios días de practicarlo, siempre en momentos de serenidad, hasta que un día, en medio de una pelea entre hermanos, de esas en las que no sabes qué hacer con tantas emociones desbordadas, me agaché a la altura de Dante y con la voz más serena que encontré, dije:

“Dante te veo”, su cara se suavizó completamente.

“Te veo mami (llorando), aquí estoy…”

“Aquí estoy”, dije, sin dejar de verlo fijamente a los ojos, luego respiré profundamente y él hizo lo mismo.

Poco a poco Dante se repuso de las emociones, encontró su equilibrio y pudimos charlar de lo que había pasado con su hermano y llegar a un acuerdo.

El ritual le sirvió de ancla para salir del torrente de emociones.

Han sido varios meses de utilizarlo como una de mis herramientas para conectarme con mi toddler y, a partir de ahí, resolver conflictos, hablar de emociones difíciles, no sólo las de él, también las mías, porque a veces, la que lo necesita soy yo.

Es una forma sencilla, cortita y hermosa de practicar una crianza presente, mindful, y que aprendan, desde chiquitos, a detener el acelere de la vida, soltar rencores del pasado, borrar expectativas del futuro y ver a los ojos de las personas que aman y les digan, te veo…aqui estoy.

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